En Puerto Rico, golpeado por huracanes, el agua potable escasea

SAN JUAN, Puerto Rico (Reuters) - Una semana después de que el huracán María azotó Puerto Rico, la mayoría de sus 3,4 millones de habitantes batallan para encontrar agua potable

, mientras los expertos están preocupados por la amenaza de una crisis sanitaria debido al daño a los sistemas en la isla.

Cientos de personas se abalanzaron el martes sobre un tanque de agua del gobierno en el municipio nororiental de Canovanas con recipientes de varios tamaños y formas tras una espera que en muchos casos duró días.

“Es el primer tanque que han traído hasta aquí”, dijo Juan Cruz, un carpintero que ayudaba a llenar los recipientes con agua. “Por eso es que la gente hay esta conmoción, para poder sobrevivir”.

Los problemas de agua del territorio estadounidense están relacionados con el colapso de su red eléctrica porque la energía es necesaria para bombear, tratar y filtrar el agua que llega a los hogares.

Con la red eléctrica fuera de servicio, se han necesitado generadores a base de combustible para limpiar e impulsar el agua a donde se necesite. Pero la isla no tiene suficientes generadores para estas funciones, dicen responsables de servicios públicos, en momentos que el combustible también es escaso.

Sólo entre 40 y 45 por ciento de los clientes de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) del Gobierno de Puerto Rico tenía agua potable el martes, dijeron funcionarios de la compañía. El servicio de agua para toda la isla no podrá retomarse hasta que la electricidad no sea restaurada, lo que podría tardar meses.

Mientras, las autoridades agilizan la entrega de botellas de agua y el envío de camiones cisternas por toda la isla, donde crece la desesperación.

En la fila de espera en Canovanas, a unos 32 kilómetros al sureste de la capital San Juan, la gente echaba sus botellas con agua en contenedores aún más grandes para aprovechar al máximo su turno en el camión aljibe. Otros bebían para aplacar su sed y volvían a llenar sus botellas.

Algunos residentes dijeron que han estado sin agua potable desde el último miércoles, cuando María derribó el suministro de energía, teléfonos y comercio en la isla. Árboles derrumbados y cables eléctricos cortados han bloqueado caminos. Muchas tiendas y supermercados permanecen cerrados, dejando a los ciudadanos con pocas alternativas de dónde comprar agua.

El servicio de agua era irregular en San Juan, la mayor ciudad de la isla, mientras que en lugares más alejados como Toa Baja, hacia el oeste, la gente acudía a un centro de distribución de agua con cubos y botellas plásticas para abastecerse.

Carlos Cotto, un conductor de 43 años, contó que ha estado llevando contenedores de cinco litros cada día a su trabajo desde su hogar en Caguas para rellenarlos en San Juan, y así ayudar a sus parientes que están quedándose sin el líquido. “Sólo para mantener estable el suministro, así tenemos suficiente para sobrevivir”, comentó.

La Agencia Federal de Manejo de Emergencias de Estados Unidos ha enviado más de cuatro millones de porciones de comida y seis millones de litros de agua a Puerto Rico y las Islas Vírgenes, también azotadas por el huracán. Hay más suministro en ruta.

“La gran mayoría de la gente en Puerto Rico no tiene acceso a sistemas seguros de agua potable”, dijo Sven Rodenbeck, jefe científico del área de respuesta a huracanes del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, que recomienda el uso de agua embotellada en la medida de lo posible.

La isla ya tenía problemas con el sistema desde antes de la irrupción de los huracanes. El agua de los grifos de casi toda la población de Puerto Rico viola la Ley de Agua Potable Segura, dijo el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales a inicios de este año.

Y la situación sólo ha empeorado con María, que paralizó las plantas de tratamiento de aguas servidas y dejó las tuberías de la isla, ya muy porosas, aún más propensas a la contaminación.

Reporte de Dave Graham y Robin Respaut en San Juan, Puerto Rico y Jon Herskovitz en Austin, Texas. Reporte adicional de Herbert Villarraga en Canovanas, Puerto Rico y Stephanie Kelly en Nueva York. Editado en español por Natalia Ramos

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